Quizás te está pasando todo
Hace unas semanas siento que estoy en una nueva realidad y todo es distinto. Mi nueva versión no intenta hacer encajar las cosas, no presiona ni se sobreesfuerza.
Por muchos años sostuve la creencia de que tenía que sobreesforzarme para mantener mis relaciones de pareja, amistades, estudios, trabajo, etc. Inevitablemente me volví experta en hacer que las cosas pasaran como yo imaginaba en mi cabeza, haciéndolas encajar como si se tratara de un puzzle. Eso me llevó a lo que yo llamo “calles sin salida”: decisiones entrelazadas que terminaban alejándome de mí, hasta sentirme perdida y confundida.
El año pasado fue la gota que rebalsó el vaso y me di cuenta de que sobreesforzarme no tenía ningún sentido. Lo único que lograba era quitarme energía vital; me sentía cansada y resentida, sosteniendo una vida que no estaba en coherencia con mi autenticidad. Mucho de lo que cargaba, si lo soltaba, se caía a pedazos. Y eso claramente daba miedo. ¿Que las torres que sostienen mi vida se cayeran? No… qué miedo.
Pero llegó un momento en el que no tenía nada que perder, y lo único que me importaba era no perderme a mí misma. Así fue como dejé caer todas esas torres, y todo cambió. Muchas personas dejaron de formar parte de mi vida, pero llegaron nuevas almas que me nutren en todo sentido y me comprometí a sostener solo aquello que está en coherencia conmigo.
El tema es que detrás del cambio siempre viene el vacío y la incomodidad: el sabor de la incertidumbre que trae dudas e intenta convencerte de volver a lo familiar. Y esto último me llevó a la reflexión de hoy. Vivimos en una sociedad en la que pareciera ser que si no me estoy sobreesforzando por algo, entonces no está pasando nada en mi vida. Que debería estar comiendo más sano, debería estar conociendo hombres, debería estar estudiando más, debería estar trabajando más… y así, una lista que no tiene fin. La mente se engancha de esa sensación de carencia que “tiene que ser llenada” con más.
Pero muchas veces ese “más” es justamente lo que nos confunde y nos aleja de lo que realmente es para nosotras. Quizás ese vacío, ese sentir que “no está pasando nada”, en realidad significa que al fin está pasando todo. Porque antes estabas tan ocupada sosteniendo torres y forzando que las cosas ocurrieran, que no podías ver lo que sí era para ti.
No es malo ir lento o pasar por momentos más introspectivos, quizás te están creciendo tus nuevas alas. Permítete vivir tus procesos, es momento de dejar de forzar y presionar para que tu nueva vida pueda llegar. Escucha los susurros de tu alma, respira este momento y prepárate para recibir. Quizás aún no lo puedas ver, pero hoy, todo está sucediendo.
Con amor,
Vale