Milagros

Hoy escuché que un milagro es un cambio de percepción sobre cómo ves la vida.

La semana pasada viví una situación que me puso frente a frente con dos opciones: elegirme a mi misma y priorizarme, o fingir demencia y caer en la ilusión de algo que no es real.

Y adivinen… me elegí a mi misma. Pero a pesar de ello, una parte mía se sentía triste y sola, sumergida en nostalgia y la melancolía.

A ratos conectaba con la inspiración y la fuerza interna de no haberme traicionado, pero por otro lado, emergía sufrimiento. Y con él, la resistencia: ¿por qué a mi? ¿qué me vino a mostrar? ¿por qué no puede resultar? ¿por qué no me eligen? ¿por qué siento tristeza? … y un millón de interrogantes más.

Entonces, sin esperarlo, me ocurrió el milagro. Ese cambio de percepción que me expandió la mirada, y que hoy quiero compartir.

Salir del arquetipo de “la mujer”- que culturalmente se resume en ser madre, ser pasiva y sufrir - duele. Porque toca directamente nuestro sentido de pertenencia.

Literalmente, en la situación que viví, donde me elegía a mí pero significó que otro no me eligiera, entré en contacto con las tres fibras a la vez:

  • Elegí dejar de ser pasiva

  • Conecté con mi camino vocacional y el hecho de que elijo no ser madre al menos en los próximos cinco años

  • Y preferí remover el velo de la ilusión que embarcarme en una historia sufrida.

Por eso toda mi melancolía y nostalgia: estaba saliendo de un lugar muy conocido y familiar que me hacía sentir “vista”… el arquetipo de la mujer.

Y aquí el verdadero milagro: toda esta situación puso en juego mi sentido de pertenencia.

Si elijo no ser parte de esto ¿a dónde pertenezco?

He descubierto estos días que pertenezco a mi práctica, a mis amigas, a la vida cultural, a mi trabajo, a mi conexión con la fuente. Pertenezco a espíritu. Y eso, vale mucho más que pertenecer a un lugar que no resuena con mi alma ni con el fuego de mi autenticidad.

En conclusión, elegirte a ti - aunque eso signifique que no te elijan - implica salirte del estanque de ranitas y apostar por algo distinto. Elegir ser una ranita distinta, auténtica, que se atreve a salir del estanque para descubrir que más hay.

Por eso se hace inevitable encontrarse cara a cara con la soledad y con el dilema del pertenecer. Hay una fuerza que te empuja a volver al estanque y te dice: “qué miedo salirnos de aquí… mejor volvamos, aunque no nos expanda. Al menos pertenecemos a algo”.

La manera de no dejarnos arrastrar por esa fuerza es encontrar y cultivar nuevas formas de pertenencia.

Espero que puedas encontrar y nutrir en tu vida esos lugares donde perteneces y que te abrazan en tu autenticidad. Porque si no, es muy dificil salir de un arquetipo - o de un estanque-. El sentimiento de soledad y no pertenencia siempre intenta llevarnos de vuelta a lo conocido.

Espero que este espacio sea también uno de tus lugares de pertenencia. De esos que abrazan tu autenticidad y te recuerdan que no estás sola.

Con amor,

Vale.

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