Abandono la lucha para volver al corazón

Este fin de semana viví un momento de revelación, un insight. Algo se abrió dentro de mi, algo que no había visto con tanta claridad antes.

Una amiga vino a verme a mi casa por la noche. Yo quería estar feliz, tocar música con ella, pero algo en mi se sentía triste, a punto de quebrarse.

Sin darme cuenta entre palabras y conversaciones desde el alma, mi corazón comenzó a hablar. Y ya no hubo vuelta atrás. Ahí estaba: completamente vulnerable. Sin armaduras, sin máscaras. Hablamos de mi pasado, de mi presente, de lo vínculos.

Esa parte de mi que venía tambaleando, pidió mi atención en silencio hasta que finalmente se rompió. Y con las lágrimas en mis ojos, lo vi claro: he estado en guerra mucho tiempo. En este caso, una guerra en relación al amor de pareja.

Durante mi infancia, tuve un papá presente, pero muy ambiguo, con estados de ánimo fluctuantes y extremos. El hombre para mi era representado como un ser extraño impredecible: un día amable, al otro capaz de hacerme daño. Mi mamá, en cambio, siempre jugó el rol de matriarca: fuerte, independiente, inteligente, empática, ocupando tanto espacio que mi papá quedaba relegado a un rincón invisible en la familia.

Te comparto en estas líneas un poco de mi historia para hacerte una invitación: ¿cómo fueron en tu vida los roles paternos y maternos? Tal vez al traerlos a la conciencia, puedas empezar a soltar tensiones que llevas en el cuerpo hace años. En mi caso, esas tensiones se alojan en los trapecios, en mis caderas, en el pecho. Años de tensión dentro mi de mi entorno familiar. Años de querer que me vean sin condiciones.

En medio de esa conversación con mi amiga, ella me dijo una palabra que se quedó vibrando en mí como un eco amoroso: humildad.

Sin darme cuenta, me había estado vinculando con los hombres desde la guerra, desde la defensa. Sin honrar el vinculo, la union. Mirándolos como inferiores, como poco confiables. Ocupando el espacio, mostrándome como “madura”, como si tuviera que hacer méritos para ser amada.

Entendí algo que hoy quiero compartir contigo: ya no necesito estar en guerra.

Ya no quiero vínculos verticales, en los que uno guía y el otro sigue. Quiero encuentros espontáneos, horizontales, donde podamos mirarnos a los ojos, de par a par. Para eso elijo salir del estado de alerta. Elijo ver a ese ser extraño como un ser humano con su propia historia, con sus emociones, con su alma.

Elijo verme y reconocerme en mi vulnerabilidad. Abrazarme, bajar las armas y volver a aprender a amar. Orgullosa de mi, hoy declaro que vuelvo a empezar como principiante.

Me abro a compartir como cuando éramos niños, pero con la sabiduría del alma que ya ha vivido, sentido y elegido despertar.

Hoy te dejo unas preguntas para tu corazón:

¿Hay una lucha que estés sosteniendo en tu vida? ¿En qué zonas de tu cuerpo sientes la tensión? ¿Estás dispuesta a bajar las armas y vivir desde el corazón?

Con amor,

Vale

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