El camino espiritual

Como una ráfaga pasan frente a mi los últimos seis años de mi vida. Los recorro con mi mirada. Veo libros de auto - ayuda. Veo cursos de despertar de conciencia. Veo cuarzos. Veo oráculos. Veo un tarot. Veo retiros. Veo formaciones. Veo comida vegetariana. Veo ropa usada. Veo el mat de yoga. Veo el cojín de meditación. Dejo de ver el entorno. Me veo a mi. Veo mi mirada yendo de una cosa a la otra. De un concepto a otro. Veo a una mujer buscando respuestas. Enredada por momentos en sus propios laberintos. Veo la esperanza de llegar a algún lugar distinto o mejor.

Dejo de recorrer los últimos años y mis ojos se detienen en el hoy, en este momento presente. Aquí se siente fuerte el vacío. Todos los objetos pasaron a un segundo plano. Siento resonar en mi la palabra minimalismo. Lo viejo dejó de tener sentido. Leo sobre la renuncia esencial del camino espiritual. Y esa renuncia no tiene que ver con estilos de vida, ideas o etiquetas. Tiene que ver con renunciar a la esperanza de que el dolor y el sufrimiento pueden ser exterminados. Tiene que ver con renunciar a la esperanza de que hay que llegar a una respuesta o resultado que resolverá todos nuestros problemas. Este es el principio del principio, como señala Pema Chödrön en su libro “Cuando Todo Se Derrumba”.

En esa desesperanza y muerte emerge desde el silencio latente la vida misma. Nos resistimos tanto a vivir. A sentir los matices. Al amor. A abrazar la incertidumbre. Al silencio de no tener respuestas. Al cambio. A la muerte. A la temporalidad de las cosas, porque todo pasa y está cambiando constantemente.

En este presente lleno de vida, pero al mismo tiempo lleno de muerte, porque mucho de lo que algún día me hizo sentido ya no me representa, me encuentro con la fragilidad y la vulnerabilidad del latido de la vida. No hay nada que resolver. No hay nada que falta por descubrir. Hay un misterio inevitable. Hay un baile que todos sabemos cómo terminará, pero no sabemos cuánto va a durar.

El camino espiritual te invita a habitar el baile de la vida con cada latido de tu corazón. A sentir cada paso, cada giro inesperado, cada rayo de sol, cada día nublado y cada gota de lluvia mientras sigues bailando. Te invita a disfrutar esa aparente estabilidad bajo tus pies, que en cualquier momento cambia, y te tocará caer. Pero, esas caídas no son el final, son el principio del principio. El baile tiene pausas, momentos en los que dejas que el próximo movimiento te encuentre y de pronto vuelves a girar y a dejarte llevar por el ritmo de tus pies.

El camino espiritual te invita a mirar con los ojos bien abiertos a tu entorno, que se revela ante ti desbordándose de vida y muerte simultáneamente. Te invita a bailar con los demás, a que permitas que cada movimiento de ese otro irrumpa en tu propio baile y te cambie por completo.

El camino espiritual te pide que dibujes con tu cuerpo en el vacío, a que seas el protagonista de tu baile, que anhela transformar esos movimientos en letras para escribir tu hermosa, compleja y única historia.

El camino espiritual poco tiene que ver con descifrar el futuro o interpretar el presente, implica más una renuncia: esa renuncia esencial de llegar a alguna parte. El camino espiritual es más bien una invitación de corazón a vivir el baile. Ahora, en este instante.

Con amor,

Vale

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