No todo lo que brilla es oro

¿Sabías que la araña atrae a los insectos con la majestuosidad de su telaraña y, cuando están hipnotizados por su obra de arte, entra en acción?

Estos días me encuentro en una fase de depuración: una purga de vínculos y situaciones que no estaban alineadas con mi alma y que se fueron con el 2025. Ya me estoy acostumbrando a que, cada cierto tiempo, necesito limpiar mi entorno para volver a alinearme con lo que sí quiero en mi vida. Algo que se me ha venido muy fuerte en este proceso es el tema de las apariencias.

Muchas veces queremos ver lo bueno en las personas y dejamos de mirar el panorama completo. Nos dejamos envolver por el resplandor de su alma, pero dejamos de tomar en cuenta cómo nos sentimos realmente con esa persona: si hay contracción o expansión, si quedamos más creativas o sin energía, si aparece la confusión o la claridad.

Algo que he aprendido es que esa respuesta no siempre es inmediata. A veces hay que dejar pasar unos días para que decante lo que ese vínculo nos despierta.

Las personas que realmente vale la pena mantener en tu vida, ya sea en el plano de la amistad o de pareja, son aquellas que son persistentes y sinceras. Hay un cuento japonés que habla de esto y transmite con mucha fuerza el poder de la honestidad: una princesa tiene cinco pretendientes, y quien finalmente se queda con ella es aquel que cumple su palabra y es sincero al admitir que no la merece, porque a pesar de su esfuerzo no logra encontrar lo que ella le pidió. Los demás, en cambio, solo están interesados en quedarse con la princesa y le mienten, aparentando grandes hazañas y logros que nunca ocurrieron.

Quizás no existe una fórmula, y la vida se trate simplemente de ir experimentando qué es y qué no es coherente con una misma. Pero sin duda, esta sabiduría nos invita a volver a lo esencial: a aquello tan simple y visible, pero que tantas veces olvidamos por el brillo de la telaraña.

Con amor,

Vale

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